Por Aimara Acevedo

Calivá (2009) define la andragogía como la disciplina que abarca el aprendizaje de adulto, en donde sus características principales son la búsqueda del conocimiento por parte del adulto para aplicarlo de forma inmediata (p. 12). Para el estudiante adulto el aprendizaje es considerado como la forma de lograr mayor competitividad en el área que se desempeña. A la hora de la planificación pensando en la educación para adultos se debe tener presente los siguientes principios: El equilibrio de la personalidad del adulto, el predominio de la razón y la evolución psicofísica de sus sentimientos y sus pensamientos.

Según Calivá (2009) es fundamental considerar la organización de la experiencia de aprendizaje y de forma secuencial que son planificadas en la búsqueda de satisfacer las necesidades e intereses específicos de cada grupo.

Para el adulto, el aprendizaje varía dependiendo de la forma como procesa la información, la organiza, la clasifica y generaliza, es decir, comprende en donde el proceso cambia en relación con el niño o el adolescente, entiende y después memoriza.

El docente para adultos debe considerar la particularidad de este aprendizaje en donde se resalta el proceso de orientación-aprendizaje; en donde los participantes interactúan con el aprendizaje, el moderador y el estudiante poseen características similares como motivación, autocrítica, empatía, igualdad, interacción y respeto mutuo.

Durante este proceso Andragógico el tutor y el estudiante asumen roles de gran importancia. El rol según la Real Academia Española lo define como el papel o función que alguien o algo cumple. En el caso del ámbito educativo Pagano (2007) indica que el rol del tutor se define como el apoyo temporal que brinda a los alumnos para permitir, en un espacio real o virtual, que éstos ejecuten su nivel justo de potencialidad para su aprendizaje, más allá de la competencia corriente de habilidades que posean y con las cuales ingresan a la situación de enseñanza (p. 2).

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Según el mismo Pagano (2007) el tutor orienta al aprendiz adulto, tanto el tutor como el aprendiz adulto son protagonistas en su proceso, durante dicho proceso reconoce sus necesidades, conocimientos y recursos (párr. 2). Es por ello que el estudiante termina siendo el centro del proceso y el resultado sería un adulto orientado, asesorado y con experiencia en cuanto al potencial en su aprendizaje.

Al tomar en cuenta dicho planteamiento es importante considerar que el docente que enseñe a una población de adultos deberá tomar en cuenta la caracterización señalada por los investigadores: aprendizaje secuencial, organización de la experiencia con el aprendizaje, reconocer sus necesidades y la importancia de cada uno de los elementos y protagonistas del proceso.

Fuente: Edición 33 Aldea Magazine

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