Por  Inés García

Cada vez que ocurre un cambio este produce algún tipo de desestabilización, lo cual puede ser tomado como una oportunidad o como una amenaza. Dependiendo de cómo lo asumamos ésto disparará emociones, bien sea positivas o negativas.

 

Nosotros podemos escoger en cual tipo de emoción quedarnos y más importante aún, cual le transmitimos a nuestros hijos. Dependerá de nosotros que los tiempos de cambio sean momentos que esperamos con entusiasmo o tiempos de tragedia y lágrimas para ambos.

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La realidad es que el cambio es una de las pocas certezas que tenemos y aprender a hacerle frente e incluso disfrutarlo, es el comienzo de sacar lo mejor de las experiencias y oportunidades que la vida nos presenta. Enseñar a nuestros hijos a adaptarse al cambio con alegría es tal vez uno de los regalos más grandes que les podemos ofrecer y el ejemplo que les demos es ¡la mejor manera de hacerlo!

Una vez escuché que la vida es un proceso donde los espacios en los que estamos nos van quedando pequeños y hace falta moverse a otros más grandes, que nos ofrezcan nuevas oportunidades y retos; aunque ello implique algunas lágrimas. Todo comienza cuando el vientre de la madre ya no es suficiente para albergar al bebé, sigue con la ida al colegio para aprender cosas nuevas y socializar, después la universidad que en muchos casos implica la mudanza fuera del hogar y luego el matrimonio como la etapa donde comienza un nuevo ciclo; en todos los casos se deja un espacio físico y emocional para ir a otro.

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Indistintamente que nuestros hijos vayan a pre-escolar, escuela primaria, media, secundaria o la universidad, nuestro mundo se transforma junto con el de ellos. Cuando nuestros niños dejan la casa por primera vez para ir a la escuela es común experimentar una mezcla de sentimientos… por una parte estamos contentos por darles la oportunidad de compartir con nuevos amigos y enriquecer su mundo, por la otra, tristeza, ya que nos queda una sensación de vacío y el admitir que “ya no son mas nuestros bebés”. Algo similar ocurre cada vez que enfrentan nuevos retos…

El primer día de clase es un reto para padres e hijos por lo que es muy importante estar atento a cuáles son nuestros sentimientos y cómo los manejamos, de esta manera ayudaremos de una mejor forma a nuestros hijos a que ese día sea una experiencia maravillosa.

Fuente: Edición 14 Aldea Magazine

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