Por: TOMÁS GONZÁLEZ PATIÑO

Mis recuerdos, aunque borrosos por la acción del tiempo, comienzan más o menos cuando empecé a darme cuenta de mi existencia que debe haber sido ya adentrada la década de mil novecientos cuarenta. Nací y pasé los primeros años de mi vida en Guarenas, un pueblo de Venezuela. Mi Mundo o mejor dicho mi Universo era mi casa. Por un lado de ella pasaba una acequia de agua cristalina pero plagada de los caracoles albergues de la Bilharzia, microorganismo enemigo de la salud del ser humano, razón por la cual no me permitían entrar en ella.

He sido simple espectador del impresionante avance científico y tecnológico que ha tenido la humanidad en menos de los cien últimos años. Por citar un ejemplo, veamos el extraordinario avance tenido en el campo de las comunicaciones. En este período partimos de un incipiente y hasta lejano aparato de teléfono que era utilizado sólo para transmitir la voz y hemos llegado hasta lo que es hoy, un instrumento de uso personal y cotidiano, móvil, con video, de alcance universal y muchísimo más. Es tal su importancia que se hace compañero necesario e inseparable del hombre de hoy.

Igualmente en otras ramas de la ciencia ha ocurrido un avance extraordinario que se manifiesta a cada momento en nuestra vida diaria.

Con el fin de cumplir con el casi mandato de narrar experiencias tenidas en aquellos viejos tiempos, se mencionan algunas de ellas, teniendo en consideración, como se dijo, lo impreciso que puede ser el producto de la memoria.

ENFERMEDADES. Las más comunes eran la eruptivas: Varicela, Lechina, Alastrim y Sarampión. También existieron otras como Orquitis, etc. En una oportunidad se presentó un caso de Fiebre Tifoidea.

VACUNAS. No recuerdo que en aquellos momentos la vacunación fuera tan extensiva como lo es hoy. Particularmente recuerdo que muy pocas me fueron suministradas

TELËFONO. Era una caja de madera pulida que se pegaba a la pared, de poco más de medio metro de altura y de la cual el auricular colgaba mediante un cable. La bocina estaba situada en su cara frontal. Mediante una pequeña manilla lateral se activaba la comunicación con la operadora, quien al requerir la comunicación, contestaba con un pequeño saludo, pues era una persona conocida en la comunidad. Creo que en esos momentos, el número de usuarios que había en todo el pueblo era de unos treinta. La central telefónica funcionaba con un sistema de clavijas, mediante las cuales se establecía la comunicación.

Posteriormente y ya como gran avance, existieron los teléfonos públicos, los cuales eran instalados en algunos lugares de la ciudad capital y funcionaban con la introducción de unas monedas.

PARTOS. El nacimiento de los niños se realizaba en la casa de habitación de la parturienta. El trabajo de parto era asistido por una comadrona. No era costumbre que la madre asistiera a una clínica o unidad de salud para obtener la supervisión médica en el parto.

BAÑOS. Mi casa disfrutaba del servicio de acueducto, pero no el de disposición de aguas servidas, pues en el pueblo no existía la red de cloacas, la cual fue construida varios años después. Su disposición era superficial, bajo el esquema de “Campos de Riego” y los desechos sólidos en excavaciones, bajo tierra. En los momentos iniciales no se conocía el WC. Su uso comenzó paulatinamente en la medida en que se realizaban los empotramientos de las distintas casas del pueblo, a la red pública.

ESCUELAS. No existían escuelas Mixtas. Eran unas para niños y otras para niñas. Había separación de sexos. En mi pueblo había sólo una para cada sexo.

VIAJES EN AUTOMÓVIL. Se realizaban en muy pocas oportunidades. La cantidad de vehículos existentes en el pueblo, era muy reducida. Recuerdo que tenían en su parte frontal un pequeño orificio un tanto disimulado, por donde eventualmente se introducía una manilla para encender el motor en caso de falla del arranque eléctrico.

Era usual que el pasajero experimentara mareo durante el viaje, por lo que durante el mismo, el vehículo que lo transportaba, debía detenerse una o más veces, para alivio del afectado por tal síndrome.

En medio del trayecto hasta Caracas, existían establecimientos que ofrecían comida y otros refrigerios, Eran de casi obligada parada para hacer el viaje menos pesado.

Cuando el viaje se efectuaba en autobús había que adaptarse al horario de éstos, que por ser de pocas unidades, restringía su servicio a tres o cuatro veces al día y horas predeterminadas. Por eso se oía decir por ejemplo, el autobús de las ocho, de las once o de las cinco, etc.

Además del conductor, el colectivo era servido por otra persona llamada “El Colector” quien realizaba el cobro de los pasajes cuyo monto dependía del tramo viajado.

Todavía circulaban las carretas tiradas por un caballo. Recuerdo una en la que efectué un corto y lento viaje. Quizás ésa era una de las últimas en desaparecer.

COCINAS. Como avance importante, se implantó el uso de las cocinas cuyo combustible era el kerosene. Éstas desplazaron definitivamente al cocinar con el uso de leña. Eran un mueble metálico donde estaban las hornillas y lateralmente tenían un recipiente de vidrio para colocar el combustible que las alimentaba.

Sin embargo recuerdo haber visto en una oportunidad, utilizar leña para cocinar y dentro de los aparejos usados en la cocina estaba una piedra achatada de mediana dimensión montada sobre un trípode de construcción precaria, empleada para moler aliños.

No existían las neveras razón por la cual merecía atención el consumo de alimentos perecederos

OTROS RECUERDOS. El Sacerdote oficiaba la Santa Misa de espaldas a los feligreses. Éstas eran celebradas únicamente durante las mañanas.

Las mujeres no usaban pantalones, ello era considerado indecente. Para entrar al templo debían cubrirse la cabeza.

El calzado popular era la alpargata, las más usadas eran las que tenían la planta de residuos de cauchos viejos de automóviles. Las llamaban de goma. Sólo en oportunidades especiales se usaba el zapato.

Los niños usaban pantalones cortos y sólo cuando pasaban a la adolescencia, comenzaban a usar pantalones largos.

DATO CURIOSO. Tuve una tía que vivió en tres siglos y en dos milenios. Nació en el año 1896 y murió en el 2003. Es decir, existió en el final del siglo diecinueve, vivió durante todo el siglo veinte y murió en el inicio del siglo veintiuno. Vivió en los milenios mil novecientos y dos mil.

Bueno estas son algunas de las experiencias vividas que recuerdo. Los que hemos existido en esta etapa que culmina, hemos apreciado cambios espectaculares, los cuales fueron realizándose lentamente, aunque hay una marcada aceleración en la producción de los mismos en los últimos años. Durante este período hemos afrontado muchas dificultades, pero al final hemos llegado al comienzo de una nueva etapa que presagia avances aún más impresionantes, teniendo en cuenta que para su inicio se parte de un escalón más elevado. Se espera que los protagonistas de este nuevo ciclo para llegar a ese futuro desconocido, acudan a la indispensable ayuda de Dios. Que los ancianos del mañana vean la situación de hoy, como los de hoy vemos la del ayer.

ABRIL DE 2023

Tomás Gonzalez Patiño es un prestigioso ingeniero venezolano que ha dedicado muchos años de su vida a prestar servicios profesionales a distintas industrias y organizaciones de ese país, y quién tiene la fabulosa habilidad de combinar los números con la escritura, deleitándonos con ingeniosos cuentos y ahora poesía. El publicó el Libro “El seminarista que Colgó los Hábitos” y más recientemente "El Alfarero Solitario"

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