Por: Carlos Urbaneja Silva

Se cumplen 40 años de la inauguración del Complejo Cultural Teresa Carreño, comúnmente conocido como Teatro Teresa Carreño, el teatro más importante de Venezuela y uno de los más importantes de América Latina.

Símbolo de lo que fue una Venezuela pujante y ávida de modernidad, este complejo cultural lleva el nombre de la gran pianista y compositora venezolana Teresa Carreño, nacida en Caracas en 1853 y quien tuvo una brillante carrera internacional, aplaudida en Europa y los EEUU por los más grandes músicos de su tiempo, Liszt, Brahms y Grieg entre ellos, quienes admiraron su asombroso virtuosismo pianístico y personalidad musical.

Los orígenes de este proyecto se remontan a los tempranos años 70 cuando el entonces director de la Orquesta Sinfónica Venezuela, Pedro Antonio Ríos Reyna, concibió la idea de construir un teatro que sirviera de sede permanente para la que fuera la primera orquesta sinfónica del país. Su proyecto fue presentado ante el Centro Simón Bolívar, una empresa del estado venezolano dedicada a la planificación, construcción, mejoramiento y administración de obras urbanas de interés público para la ciudad de Caracas, quienes acogieron la idea y tomaron la visionaria decisión de llevarlo más allá concibiendo un espacio cultural que albergaría dos salas de conciertos y espacios múltiples de ensayo y recreación.

Este ambicioso proyecto fue encargado a los arquitectos Tomás Lugo, Jesús Sandoval y Dietrich Kunckel; el lugar elegido para su construcción fue un espacio de 22.000 metros cuadrados ubicado frente al entonces Hotel Caracas Hilton y entre el Parque Central, considerado el proyecto urbano más importante y ambicioso de América Latina, una ciudad dentro de la ciudad de Caracas y la zona de los museos donde se encontraban el Museo de Bellas Artes y el Museo de Ciencias. Todo esto conformaría un espléndido eje cultural que hasta hoy ha seguido extendiéndose e incorporando nuevos edificios como la nueva Galería de Arte Nacional o la sede del Centro de Acción Social para la Música, ubicada poco más allá y sede del sistema nacional de orquestas, internacionalmente conocido como “El Sistema”.

Es así como nació el Teatro Teresa Carreño (TTC) que fue inaugurado en dos etapas: una primera en 1976 con la primera y más pequeña de sus dos salas, la Sala José Félix Ribas, concebida en forma de anfiteatro griego con capacidad para 440 personas. Este espacio fue otorgado a la entonces recién creada Orquesta de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, la primera de lo que luego se convirtió en El Sistema y su nombre rinde homenaje a un importante prócer de la independencia venezolana, una tendencia curiosa iniciada por el doctor José Antonio Abreu fundador del sistema de orquestas, de dar nombre de héroes militares a instituciones musicales. Pero no solo la Orquesta Simón Bolívar tuvo allí su sede; en su momento de mayor actividad, la Sala Ribas, como se la conoce, albergó no menos de cuatro de las orquestas sinfónicas venezolanas radicadas en Caracas que regularmente ensayaban y presentaban allí sus conciertos.

La segunda etapa culminó el 19 de abril de 1983 con la inauguración de la Sala Ríos Reyna y el resto del conjunto. La sala Ríos Reyna es la sala principal, una magnífica sala de conciertos con todas las facilidades técnicas para los grandes espectáculos sinfónicos, de ópera y ballet con capacidad para 2.400 personas; y entre ambas salas se ubican los espacios destinados a librerías, restaurantes y otros locales comerciales y de oficinas además de un pequeño museo con memorabilia de Teresa Carreño amén de todas las obras de arte que podemos admirar a donde dirijamos la vista, muy especialmente la espectacular instalación del gran artista cinético venezolano Jesús Soto que cuelga sobre el foyer principal.

Los primeros 20 años de este gran complejo vieron una época dorada en el mundo cultural de Venezuela. Allí los venezolanos pudieron disfrutar de los más grandes artistas nacionales y extranjeros de la música, la ópera, el ballet y el teatro. Prestigiosas agrupaciones sinfónicas y de cámara, solistas y espectáculos venidos de todo el mundo llegaron a formar parte de la programación regular del TTC y podían ser vistos por un gran público a precios accesibles para todos. No solo el estado sino también la empresa privada se unió con entusiasmo a esta gran celebración que fue la Caracas de entonces, un centro de referencia cultural en Latinoamérica y el mundo, a la par de las grandes capitales culturales de Europa y los EEUU.

Pero la fiesta tuvo un fin, la crisis económica venezolana comenzó, inevitablemente, a reflejarse en la actividad del TTC y luego la política vino también a inmiscuirse. Durante unos largos años la sala Ríos Reyna dejó de ser una sala de conciertos y el espectáculo artístico dió paso al espectáculo político.

Hoy, bajo una nueva administración, el TTC intenta recuperar su viejo esplendor. Después de años de decadencia y relativo abandono y tras una importante inversión, sus salas vuelven a abrirse para el arte aunque todavía de manera incipiente y con frecuencia a precios no tan accesibles para todos. Pero es un intento valiente por devolver al teatro su dignidad y antiguo brillo. El teatro que honra la más internacional de los músicos venezolanos, quiere de nuevo ser digno de su nombre. Poco a poco irá recobrando la confianza y el cariño de los caraqueños y de los artistas internacionales que solían visitarlo. El TTC, joya de la arquitectura pública caraqueña, quiere de nuevo lucir, imponente y orgullosa, todas sus maravillas, ser el espacio de encuentro y celebración del arte y la belleza para el que fue concebido.

 

Egresado con honores de la Guildhall School of Music de Londres (1986), Fellowship del Trinity College London (2007), inició sus estudios de piano en Caracas, su ciudad natal, donde comenzó su actividad concertística. Como solista ha desarrollado una importante actividad de recitales y ha actuado con las principales orquestas de Venezuela. Así mismo han ralizado conciertos en la Gran Bretaña, Bélgica, Italia, Colombia, México, Perú y los EEUU. Ha grabado dos CDs, el primero con obras de Brahms, Janácek, Ginastera y Estévez y un segundo CD dedicado a la música popular venezolana. Paralelamente a su actividad concertística realiza una destacada labor docente en la Escuela de Música Mozarteum Caracas como titular de la Cátedra de Piano “Carlos Duarte”.

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