La editora de esta revista fue profesora de Derechos Humanos en la Universidad Católica Andrés Bello de Venezuela por muchos años. En esa época la profesora escribió un libro que la universidad publicó en el año 1992. Ella recogió pensamientos de Simón Bolivar sobre ese tema, que reproducimos a continuación:

BOLÍVAR Y LAS IDEAS DE LIBERTAD E IGUALDAD

No podríamos iniciar el tema de los Derechos Humanos en Venezuela sin resaltar lo que representó la obra del Libertador Simón Bolívar. La lucha por la Independencia de las Naciones de América no tuvo otro fin que el obtener la libertad de los pueblos subyugados, la abolición de la esclavitud y la libre autodeterminación de los pueblos, entre otros.

Bolívar fue un luchador incansable por la igualdad y la libertad de los hombres y dedicó su vida a estas causas.

La libertad es algo propio de cada pueblo, con sus propias características. Por ello, tratar de imponer a un pueblo expresiones de la libertad de otro podría ser contrario a la realización de la anhelada libertad. Algo tenían dentro de sí los hombres de esta América, nos ha dicho Bello, que explicaría la gesta de la Libertad. Sin este algo no habrían sido posibles los Bolívar. Este algo era lo que habría que buscar en las entrañas mismas de los pueblos para sacarlo a flote y realizarlo con plenitud. Algo que enraizado en cada ciudadano, en cada pueblo debería ser cultivado para su plena germinación. La libertad sí, pero no la libertad en abstracto, sino la libertad concreta de todos y cada uno de los miembros de esas nuestras comunidades. No la libertad de los ingleses, franceses o norteamericanos, sino la libertad propia de los americanos de esta región del continente. Ni superior ni inferior, simplemente la propia y, por ello, de alguna manera distinta. Como distintas eran las expresiones de libertad que se habían dado en cada uno de los pueblos que le habían alcanzado. No la libertad, en abstracto, para uso demagógico de la misma, sino la libertad concreta. 122

La libertad no es entonces una abstracción sino una forma de acción, una práctica, y esta práctica garantiza la convivencia de los hombres libres, la justicia. La justicia, a su vez, garantizando la igualdad que debe existir entre hombres libres. Sin igualdad no hay libertad. Son las desigualdades las que originan las servidumbres y esclavitudes.  «La libertad práctica -dice Bolívar- no consiste en otra cosa que en la administración de la justicia y en el cumplimiento de las leyes, para que el justo y el débil no teman, y el mérito y la virtud sean recompensados».  La igualdad entre pueblos tan desiguales como los de esta América es ineludible, necesaria si es que han de alcanzarse y garantizarse sus libertades.  No se trata de anular lo múltiple, lo diverso, de esta América, por el contrario, sino de garantizar su relación dentro de la comunidad en que han de coexistir. No se trata de dispersar, sino de fusionar para fortalecer los elementos antes dispersos.

La libertad y la justicia igualadora, posibilitando la identidad de los pueblos de esta América, consolidándolos así como naciones. «Os hemos puesto al abrigo de las violencias de una legislación corrompida y arbitraria; -dice Bolívar- se os abre una vasta carrera de gloria y de fortuna, al declaraos miembros de una sociedad, que tienen por bases constitutivas una absoluta igualdad de derechos y una regla de justicia, que no se inclina jamás hacia el nacimiento o fortuna, sino siempre en favor de la virtud y el mérito. Ya sois en fin hombres libres independientes de toda autoridad, que no sea la constituida por nuestros sufragios, y únicamente sujetos a vuestra propia voluntad, y al voto de vuestra conciencia legalmente pronunciado según lo prescribe la sabia constitución que váis a reconocer y a jurar». En otro lugar insiste Bolívar en la justicia como instrumento para el logro de la igualdad que haga posible la libertad. La igualdad moral y la igualdad de la ley establecida, por encima de las múltiples diferencias que parecen atomizar a los pueblos de esta América. «. . .la igualdad legal es indispensable donde hay desigualdad física, para corregir en cierto modo la injusticia de la naturaleza».

A la nación creada por el Libertador, Bolivia, le dice, hablándole del proyecto de Constitución que ha formulado y que ha de ser. discutido por su Congreso Constituyente: «Se han establecido aquí. . . las garantías más perfectas: la libertad civil es la verdadera libertad; las demás son nominales, o de poca influencia con respecto a los ciudadanos. Se ha garantizado la seguridad personal, que es el fin de la sociedad, y de la cual emanan las demás». «He conservado intacta la ley de leyes, la igualdad: sin ella perecen todas las garantías, todos los derechos. A ella debemos hacer los sacrificios. A sus pies he puesto, cubierta de humillación, a la infame esclavitud».

No podríamos concluir este punto sin señalar que en nuestra historia, las ideas de libertad e igualdad sirvieron de fundamento a la célebre conspiración de Gual y España, ésta -a decir del historiador Pedro Grases- es el intento de liberación más serio en Hispanoamérica antes del de Miranda en 1806. 123

Es preciso recordar entonces que es a Juan Bautista Picornell a quien se debe la traducción, la publicación y la introducción en Venezuela de la Declaración de los Derechos del hombre proclamada en 1793 por la Asamblea Constituyente de Francia.

En efecto, fue en la isla francesa de Guadalupe donde Picornell realizó la primera edición (2.000 ejemplares) de esta Declaración, en octubre de 1797 con el título: «Derechos del Hombre y del Ciudadano con varias máximas republicanas y un discurso preliminar dirigido a los Americanos».  Comprometido con Manuel Gual y José María España en la conspiración de 1796-97 que pregonaba un verdadero programa revolucionario basado en los Derechos Naturales del Hombre, Picornell hizo imprimir también en Guadalupe, 8.000 ejemplares de la «Carmañola Americana» de Manuel Cortés Campomanes, para  »inundar con ellos los pueblos  de tierra firme y las Antillas» y cuyos primeros versos saludaban los derechos esenciales del hombre» «Viva nuestro pueblo»;  «viva la igualdad, la Ley, la Justicia y la Libertad». 123 Ibis

122. LEOPOLDO  ZEA.  SIMÓN  BOLÍVAR.  Integración  en la Libertad.  México  1980. pag. 82.
Véase «Discurso en el acto político celebrado el 24 de junio de 1828 a la entrada de Bogotá, procedente de Bucaramanga», citado por LEOPOLDO ZEA. Filosofía  de la Historia Americana. México 1978. Volumen II. pp. 1262–65.

123 .    PEDRO   GRASES.   Estudios  Selectos.  Biblioteca  Ayacucho   1989.  p .  24.

123 ibis Sobre Picornell, Gual y España y los Derechos del Hombre, véase: CASTRO FULGENCIO LOPEZ: Juan Picornell y la Conspiración de Gual y España, Madrid 1955. PEDRO GRASES: La Conspiración de Gual y España y el Iderio de la Independencia. Buenos Aires 1949. PAUL VERNA : Petión y Bolívar, Tercera Edición. Caracas 1980.

 

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