Recientemente, en un viaje al estado de West Virginia, tuvimos la grata sorpresa de visitar una casa donde había vivido el hermano del General George Washington, y entre las cosas curiosas que apreciamos fue tener en nuestras manos una publicación de un libro que permitió enterarnos que dicho general, llamado el “Padre” de los Estados Unidos y su primer presidente, escribió a los dieciséis años, un manuscrito con 110 “Reglas De Civismo Y Conducta Decente En Compañía Y Conversación”.

Al indagar sobre el tema nos enteramos que el manuscrito original y la mayoría de los demás ejercicios escolares de George Washington están en la Biblioteca del Congreso, en Washington DC.

Según indica la página web de Mount Vernon (Casa donde vivió George Washington, a la orilla del Potomac, en Virginia), estas reglas fueron escritas por George Washington en edad escolar y tienen influencia francesa. En esa misma página web se puede acceder a dichas normas. Ver el siguiente enlace: https://www.mountvernon.org/george-washington/rules-of-civility/.

Para facilitar la lectura de las referidas “Reglas” de George Washington las hemos traducido al español, en forma no literal:

  1. Todo acto realizado en compañía debe ser con alguna señal de respeto, a los presentes.
  2. Cuando esté en compañía, no lleve las manos a ninguna parte del cuerpo, generalmente no descubierta.
  3. No muestre nada a su amigo que pueda asustarlo.
  4. En presencia de otros, no cante para sí mismo con un zumbido, ni tamborilee con los dedos o los pies.
  5. Si tose, estornuda, suspira o bosteza, no lo haga en voz alta sino en privado; y no hable mientras bostezas, sino ponga su pañuelo o su mano delante de su rostro y vuélvase a un lado.
  6. No duerma cuando otros hablen, no se sienta cuando otros estén de pie, no hable cuando deba callar, no camine cuando otros se detengan.
  7. No se desvista en presencia de otros, ni salga de su aposento a medio vestir.
  8. En el juego y en el fuego sus buenos modales dan lugar al último en llegar, y finja no hablar más alto de lo normal.
  9. No escupa en el fuego, ni se agache ante él, ni ponga las manos en las llamas para calentarlas, ni ponga los pies sobre el fuego, especialmente si hay carne delante.
  10. Cuando se siente, mantenga los pies firmes y pares, sin poner el uno sobre el otro ni cruzarlos.
  11. No se mueva a la vista de los demás ni se muerda las uñas.
  12. No sacuda la cabeza, los pies o las piernas. No gire los ojos. No levante una ceja más que la otra.
  13. No mate alimañas como pulgas, piojos y garrapatas a la vista de los demás, si ve alguna inmundicia o saliva espesa ponga su pie con destreza sobre ella si es sobre la ropa de sus compañeros, quítatela en privado, y si es sobre sus propios paños vuelva gracias al que los pospone.
  14. No le dé la espalda a los demás, especialmente al hablar, no mueva la mesa o el escritorio en el que otro lee o escribe, no se apoye en nadie.
  15. Mantenga sus uñas limpias y cortas, también sus manos y dientes limpios pero sin mostrar gran preocupación por ellos.
  16. No inflar las mejillas, no sacar la lengua, frotarse las manos, o la barba, sacar los labios, ni morderlos, ni mantener los labios demasiado abiertos o demasiado cerrados.
  17. No sea adulador, ni juegue con nadie que se deleite en no ser jugado.
  18. No leer cartas, libros o trabajos en compañía, pero cuando sea necesario hacerlo, debe pedir permiso: no acercarse a los libros o escritos de ellos para leerlos a menos que lo desee o dar su opinión sobre. sin preguntar también no mirar cerca cuando otro esté escribiendo una carta.
  19. Que su semblante sea agradable, pero en cosas serias algo grave.
  20. Los gestos del cuerpo deben adecuarse al discurso que se está dando.
  21. No se muestre contento por la desgracia de otro aunque sea su enemigo.
  22. Cuando vea castigado un crimen, puede estar interiormente complacido; pero siempre tenga piedad del ofensor que sufre.
  23. No se ría demasiado fuerte o demasiado en cualquier espectáculo público.
  24. Se evitarán los complementos superfluos y toda afectación de ceremonia, pero no se descuidarán los que sean debidos.
  25. Al quitarse el sombrero ante personas distinguidas, como nobles, jueces, eclesiásticos, etc., hagan una reverencia, inclinándose más o menos según la costumbre de la mejor casta y la calidad de la persona. Entre sus iguales no siempre espere que empiecen por usted primero, pero quitarse el sombrero cuando no hay necesidad es afectación, en la manera de saludar y re-saludar de palabra manteniéndose en la costumbre más habitual.
  26. Es de mala educación pedir a uno más eminente que uno mismo que se cubra, así como no hacerlo a quien se le debe; debido, el que se apresura demasiado a ponerse el sombrero no lo hace bien, pero debe ponérselo en la primera, o a lo sumo la segunda vez de ser preguntado; ahora bien, lo que aquí se dice, de la calificación en el comportamiento al saludar, también debe observarse al tomar el lugar, y sentarse para ceremonias sin límites es molesto.
  27. Si algún viene a hablarle mientras está sentado, levántese, aunque sea inferior a usted, y cuando presente asientos, que sea a cada uno según su grado.
  28. Cuando se encuentre con uno de mayor calidad que usted, deténgase y retírese, especialmente si es en una puerta o en cualquier lugar recto para dejarle paso.
  29. Al caminar, el lugar más alto en la mayoría de los países parece estar a la derecha, por lo tanto, colóquese a la izquierda de aquel a quien desea honrar: pero si tres caminan juntos, el lugar del medio es el más honorable, más digno si dos andan juntos.
  30. Si algún supera con creces a los demás, ya sea en edad, estado o mérito, pero cede el lugar a uno más pobre que él en su propio alojamiento o en otro lugar, el uno no debe exceptuarlo, por lo que él, por otra parte, no debe usar mucho. sinceridad ni ofrecerlo por encima de una o dos veces.
  31. A uno que es su igual, o no muy inferior, dele el lugar principal en su alojamiento y él a quien se le ofrece debe en el primer momento rechazarlo pero en el segundo aceptarlo aunque no sin reconocer su propia indignidad.
  32. Los que están en dignidad o en oficio tienen en todo lugar de precedencia pero mientras son jóvenes deben respetar a los que son sus iguales en nacimiento u otras cualidades, aunque no tengan cargo público.
  33. Es de buena educación preferir a quienes hablamos antes que a nosotros mismos, especialmente si están por encima de nosotros. por quien de ninguna manera debemos empezar.
  34. Sea breve y amplio su discurso con los hombres de negocios.
  35. Los artífices y personas de bajo grado no deben usar muchas ceremonias a los señores u otros de alto grado, sino respetarlos y honrarlos mucho, y los de alto grado deben tratarlos con afabilidad y cortesía, sin arrogancia.
  36. Al hablar con hombres de calidad, no se incline ni los mire de frente a la cara, ni se acerque demasiado a ellos por temor a mantener un paso completo de ellos.
  37. Al visitar a los enfermos, no juegues ahora al médico si no lo sabes.
  38. Por escrito o hablando, da a cada persona su debido título de acuerdo con su grado y la costumbre del lugar.
  39. No luches con sus superiores en la discusión, pero siempre someta su juicio a los demás con modestia.
  40. No se comprometa a enseñar a su igual en el arte que él mismo profesa; sabe a arrogancia.
  41. Que sus ceremonias de cortesía sean propias de la dignidad del lugar con quien conversa, porque es absurdo hacer lo mismo con un payaso y un príncipe.
  42. No exprese alegría ante el enfermo o en el dolor, porque esa pasión contraria agravará su miseria.
  43. Cuando un hombre hace todo lo que puede aunque no tenga éxito, no culpe al que lo hizo.
  44. Ya sea para aconsejar o reprender a alguien, considere si debe ser en público o en privado; en este momento, o en algún otro momento, en qué términos hacerlo y al reprobar no mostrar señal de cólera sino hacerlo con toda dulzura y apacibilidad.
  45. ​​Tome todas las advertencias agradecidamente en cualquier momento o lugar que se hayan dado, pero después, no siendo culpable, tome un momento y lugar conveniente para hacérselo saber al que las dio.
  46. No se burle de ninguna cosa de importancia, no rompa las bromas que son mordaces y si se dice algo ingenioso y agradable, absténgase de reírse de ello.
  47. En lo que reprenda a otro, sea irreprensible; por ejemplo, es más frecuente que los preceptos.
  48. No use lenguaje de reproche contra nadie, ni maldiga ni insulte.
  49. No se apresure a creer en los informes voladores para menospreciar a nadie. 51. No use sus ropas sucias, rasgadas o polvorientas, pero asegúrese de cepillarlas una vez al día por lo menos y tenga cuidado de no acercarse a ninguna inmundicia.
  50. Sea modesto en su vestir y procure acomodarlo a la naturaleza, en lugar de procurar admiración, guardar la moda de sus iguales, que son corteses y ordenados con respecto a los tiempos y lugares.
  51. No corra por las calles, ni vaya demasiado despacio ni con la boca abierta, no vaya agitando los brazos, no patee la tierra con los pies, no ande de puntillas, ni bailando.
  52. No juegue al pavo real, mirando por todas partes a su alrededor, para ver si está bien ataviado, si sus zapatos le quedan bien, si sus medias le sientan bien y las ropas bien.
  53. No coma en la calle, ni en la casa, fuera de tiempo.
  54. Asóciese con hombres de buena calidad si estima su propia reputación; pues es mejor estar solo que mal acompañado.
  55. Al caminar de un lado a otro en una casa, solo con uno en compañía si es mayor que usted, al principio dele la mano derecha y no se detenga hasta que lo haga y no sea el primero en volver, y cuando lo haga que sea con el rostro hacia él, si es un hombre de gran calidad, no camine con él cara a cara, sino un poco detrás de él; pero sin embargo de tal manera que él pueda hablarle fácilmente. 58. Que su conversación sea sin malicia ni envidia, porque es un signo de una naturaleza tratable y encomiable: y en todas las causas de pasión admita que gobierne la razón.
  56. Nunca exprese nada impropio, ni actúe contra las reglas morales ante sus inferiores.
  57. No sea inmodesto al instar a sus amigos a descubrir un secreto.
  58. No pronuncie cosas bajas y frívolas entre hombres graves y sabios, ni cuestiones o temas muy difíciles, entre ignorantes o cosas difíciles de creer, no llene su discurso de frases entre sus superiores o iguales.
  59. No hable de cosas tristes en un momento de alegría o en la mesa; no hable de cosas melancólicas como la muerte y las heridas, y si otros las mencionan cambie si puedes el discurso no cuente sus sueños, sino a su amigo íntimo.
  60. Un hombre no debe valorarse a sí mismo por sus logros, o raras cualidades de ingenio; mucho menos de sus riquezas virtud o parentesco.
  61. No rompa una broma donde nadie se complace en la alegría, no ría en voz alta, ni en absoluto sin ocasión, no se burle de la desgracia de nadie, aunque parezca que hay alguna causa.
  62. No pronuncie palabras injuriosas ni en broma, ni se burle de nadie aunque le den la ocasión.
  63. No sea atrevido sino amable y cortés; el primero en saludar escuchar y responder y no estar pensativo cuando es hora de conversar.
  64. No reste valor a los demás ni ser excesivo al mandar.
  65. No vaya allí, donde no sabe si será bienvenido o no. No de consejos sin que se lo pidan y cuando lo desee hágalo brevemente.
  66. Si dos contienden entre sí, no tome la parte de ninguno de los dos libremente; y no sea obstinado en su propia opinión, en cosas indiferentes sea del lado mayor.
  67. No reprenda las imperfecciones de los demás porque eso pertenece a los maestros y superiores de los padres.
  68. No mire fijamente las marcas o imperfecciones de los demás y no preguntes cómo surgieron. Lo que pueda hablar en secreto a su amigo, no lo entregue delante de los demás.
  69. No hablar en lengua desconocida en sociedad sino en su propia lengua y eso como lo hacen los de calidad y no como los vulgares; los asuntos sublimes se tratan con seriedad.
  70. Piense antes de hablar, no pronuncie imperfectamente ni pronuncie sus palabras demasiado apresuradamente, sino ordenadas y claramente.
  71. Cuando otro hable, esté atento y no moleste a la audiencia si alguno vacila en sus palabras. No lo ayude ni lo incite sin desearlo, no lo interrumpa ni le responda hasta que termine su discurso.
  72. En medio del discurso no preguntes de qué se trata, pero si percibe que se detiene por tu venida, bien puede suplicarle suavemente que continúe: si una persona de calidad entra mientras conversa, es hermoso repetir lo que se dijo antes.
  73. Mientras habla, no apunte con el dedo a aquel de quien no habla ni se acerque demasiado a aquel a quien le habla especialmente a la cara.
  74. Trate con los hombres en los momentos apropiados acerca de los negocios y no cuchichee en compañía de otros.
  75. No haga comparaciones y si alguno de la compañía es elogiado por algún valiente acto de virtud, no elogie a otro por el mismo.
  76. No sea apto para relatar noticias si no sabe la verdad de ellas. Al discurrir de cosas que ha oído no nombrar su autor siempre no descubra un secreto.
  77. No sea tedioso en el discurso o en la lectura a menos que encuentre a la compañía complacida con ello.
  78. No tenga curiosidad por conocer los asuntos de los demás ni se acerque a los que hablan en privado.
  79. No emprenda lo que no puedes realizar, pero tenga cuidado de mantener su promesa.
  80. Cuando entregue un asunto, hágalo sin pasión y con discreción, por mezquina que sea la persona, hágalo también.
  81. Cuando sus superiores hablen con cualquier cuerpo, no escuche ni hable ni ría.
  82. En compañía de estos de mayor calidad que usted, no hable hasta que le hagan una pregunta, luego párese derecho, quítese el sombrero y responda en pocas palabras.
  83. En las disputas, no sea tan deseosos de vencer como de no dar libertad a cada uno para dar su opinión y someterse al juicio de la mayor parte, especialmente si son jueces de la disputa.
  84. Que su porte sea tal como corresponde a un hombre serio y atento a lo que se habla. No contradiga en todo momento lo que digan los demás.
  85. No sea tedioso en el discurso, no haga muchas digresiones, ni repita muchas veces el mismo modo de discurso.
  86. No hable mal de los ausentes porque es injusto.
  87. Siendo aficionado a la carne, no se rasque, escupa, tosa o suene la nariz, sino cuando sea necesario.
  88. No presuma de deleitarse con sus víveres, no se alimente con avaricia; corte su pan con cuchillo, no se apoye en la mesa ni critique lo que come.
  89. No tome sal ni corte el pan grasiento con su cuchillo.
  90. Para agasajar a cualquiera en la mesa, es decente obsequiarle con carne; no se comprometa a ayudar a otros no deseados por el maestro.
  91. Si remoja el pan en la salsa, que no sea más de lo que se lleva a la boca a la vez y no sople el caldo en la mesa, sino que se quede hasta que se enfríe por sí mismo.
  92. No se lleves la carne a la boca con el cuchillo en la mano, ni escupa los huesos de ningún pastel de frutas en un plato, ni arroje nada debajo de la mesa.
  93. Es impropio rebajarse mucho a la carne de uno, mantenga los dedos limpios y, cuando esté sucio, límpielos en una esquina de la servilleta de la mesa.
  94. No ponga otro bocado en su boca hasta que haya tragado el primero. No deje que sus bocados sean demasiado grandes para la papada.
  95. No beba ni hable con la boca llena; ni mire a su alrededor mientras beba.
  96. No beba demasiado pausadamente ni demasiado apresuradamente. Antes y después de beber, límpiese los labios; no respire entonces ni nunca con un ruido demasiado grande, por su incivilidad.
  97. No se limpie los dientes con la servilleta, el tenedor o el cuchillo; pero si otros lo hacen, que se haga sin mirarlos.
  98. No se enjuague la boca en presencia de otros.
  99. Esté fuera de uso llamar a la compañía a menudo para no comer; ni necesita beber para los demás cada vez que bebes.
  100. En compañía de sus superiores, no tarde en comer más que ellos; no ponga su brazo, sino sólo su mano sobre la mesa.
  101. Corresponde al jefe de la compañía desplegar su servilleta y caer primero en la carne, pero luego debe comenzar a tiempo y despachar con destreza para que el más lento pueda tener tiempo para él.
  102. No se enojes en la mesa pase lo que pase y si tienes razón para estarlo, no lo demuestres; ponga un semblante alegre, especialmente si hay extraños, porque el buen humor hace que un plato de carne sea un festín.
  103. No se coloque en la parte superior de la mesa; pero si fuere su deber o que el dueño de la casa así lo quisiere, no discuta, para que no moleste a la compañía.
  104. Si otros hablan en la mesa, esté atento pero no hable con carne en la boca.
  105. Cuando hables de Dios o de sus atributos, hágalo con seriedad y reverencia. Honre y obedezca a sus padres naturales aunque sean pobres.
  106. Que sus recreaciones sean varoniles, no pecaminosas.
  107. Trabaje para mantener viva en vuestro pecho esa chispita de fuego celestial que se llama conciencia.

En una publicación hecha en el año 1926, de dichas Reglas de Civismo y Comportamiento Decente en Compañía y Conversación de George Washington se pueden leer dichas Reglas, con el facsímil de la versión original, pero además el Sr: Charles Moore hace un análisis de su origen. (Boston y Nueva York: Houghton Mifflin Company, 1926).

Ver el siguiente enlace:

https://www.google.com/books/edition/George_Washington_s_Rules_of_Civility_an/3rZEAAAAIAAJ?hl=en&gbpv=1&printsec=frontcover

El Sr Moore en sus análisis del origen de las citadas Reglas, y concluye lo siguiente:

“…la conclusión de todo el asunto tal como está ahora: Las Reglas de Civilidad fueron compuestas originalmente, o compiladas, y publicadas en Francia por los jesuitas, alrededor de 1595; fueron traducidas al inglés por Francis Hawkins alrededor de 1640, y pasaron por no menos de once ediciones hasta 1672. Del libro de Hawkins, las ciento diez Reglas escritas por Washington fueron seleccionadas, simplificadas y ordenadas por una persona actualmente desconocida. Una copia llegó a manos de George Washington, quien a partir de ella redactó el manuscrito que se encuentra entre los Papeles de Washington comprados: a la familia por el Congreso en 1834 y 1849, y retenidos en el Departamento de Estado hasta 1903, cuando fueron transferidos a la Biblioteca del Congreso.”

Rules of Civility & Decent Behavior in English: https://managers.usc.edu/files/2015/05/George-Washingtons-Rules.pdf

 

 

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here