Inesperadamente me anunciaste que te ibas
Que por buscar nuevos espacios te ausentabas
¡Pero! ¿Cómo? ¿Cómo puede ser?
Si hasta ayer yo creí que me querías
Fue para mí tan grande la sorpresa
Que no atiné a hilar palabra alguna

Cuando inicies tu camino
Y quizás alegre, adiós me digas
Yo, irreflexivo aún y sin saber de mí, levantaré mi brazo
Y escondiendo mi amargura y fingiendo indiferencia
Hasta lo agitaré, en señal de despedida.

Pero, al salir de mi embeleso, te pediré. ¡Un momento!
Espera, espera, no te vayas todavía,
Sólo un instante antes de irte
¿Cómo en mí, encontraré nuevamente la alegría?

Y al recuperar plenamente mi consciencia
A mí mismo me diré, no, soy yo quien debe irse
No soportaré quedarme solo
¿Resistir la soledad yo solo? no, eso nunca yo podría
En cada rincón veré un recuerdo
Y en cada esquina, encontraré un vacío

Me iré sin rumbo y sin destino
Y quizás lejos, desde una vuelta del camino,
Y con la agónica esperanza, de que me amas todavía
Volveré mi vista para verte nuevamente
Deseando ver que todo, todo aquello,
Ha sido una ficción, jugada por la vida
Y que tú, con actitud de pecador arrepentido
Me pidieras regresar, porque vivir sin mí
Y vivir sin mi cariño, tampoco tú habías podido.

Fue tan grande la impresión de lo vivido
Que sobresaltado desperté de mi terrible agonía
Y para asegurarme, que todo aquello era mentira,
Con prontitud giré la vista hacia mi lado
Y allí, acurrucada a mi costado
Plácidamente, ella dormía.

TOMÁS GONZÁLEZ PATIÑO
Mayo 3 de 2022

 

Foto: Raul Briceño. Nemacolin

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