Por TOMÁS GONZÁLEZ PATIÑO

Cuando se agitan las tranquilas y vespertinas brisas de la vida, se activan las condicionantes, “SI YO”

Aparecen manifestaciones como éstas, “Si volviera a nacer” o “Si Dios me permitiera reiniciar mi vida” y otras expresiones similares, pero que todas conllevan el mismo sentimiento.

Subyace en ellas de una manera muy sutil, un dejo de arrepentimiento y hasta de implorar perdón por no haber hecho muchas cosas que ahora con vehemencia se anhelan. Acciones que no fueron realizadas en su oportunidad, por no contar con los conocimientos adecuados, por no disponer de la orientación oportuna o quien sabe por cuál otra razón. Reflejan tenuemente el deseo un tanto disimulado, de tener una nueva oportunidad, aunque a sabiendas que ese querer no será cumplido.

En mi caso particular si volviera a iniciar mi vida, pediría a Dios más inteligencia para comprenderlo y me conceda ser lo que yo quisiera haber sido. No cambiaría la etapa de mi infancia. En ella fui feliz, tuve los mejores padres, conté con su ilimitado amor y su acertada formación. Fui alumno de los mejores maestros quienes junto con mis progenitores, establecieron en mí los rectos principios de la vida que, a pesar de no haberlos aprovechado totalmente, han sido mi guía.

Disfruté de los mejores juguetes, no de los sofisticados, los cuales nunca tuve ni jamás quise, sino de los que provee la Naturaleza. Recuerdo aquél construido por mi padre que fue mi predilecto y compañero durante toda mi etapa de niñez. En fin, doy gracias a Dios por haberme permitido vivir aquellos inolvidables años.

Tuve los mejores amigos, todos solidarios conmigo. De ellos guardo los mejores recuerdos. Puedo decir que tengo unos aquí en este mundo y otros, quizás los más, en el Cielo.

En ese hipotético reinicio de mi vida no desperdiciaría las muchas oportunidades de aumentar mis conocimientos. En aquellos momentos de mi vida de estudiante, equivocadamente prevaleció el logro del fin y no el del medio. Prestaría más atención a mis estudios, leería y estudiaría más, profundizaría en los conocimientos adquiridos. Aprendería música, no desperdiciaría aquella magnífica oportunidad de estudiarla en su más alto nivel. La música en mí siempre ha hecho vibrar a mi alma y me transporta hasta los lugares más recónditos.

Prestaría más atención a las personas que me rodeen, especialmente a mis compañeros menos dotados de salud o capacidad intelectual.

Sería más minucioso, amaría más y aprendería más de mis semejantes, sobre todo de los niños. Ahondaría en los conocimientos de las enseñanzas de Jesús y apreciaría su brazo que de tantos peligros me ha salvado.

No sería egoísta y sí más generoso. Amaría más a mi familia. No cambiaría mi decisión matrimonial, transitaría la misma vía en la cual soy feliz. Confieso que en la selección de mi compañera para esta maravillosa aventura de la vida, fue poco lo que hice, todo fue obra de Dios, quien me premió con ella y con mis hijos.

Visitaría más al odontólogo, me acercaría más a los compañeros de mi infancia y tendría mayor atención a los ancianos. Tendría más claro el concepto de caridad como la expresión más pura del amor.

Sería más estricto y firme cuando haya que decir no y permisivo cuando sí, sea lo que deba decir.

Tendría una visión más humana del dinero. Buscaría más a Dios. Sería más tolerante.

Pediría a Dios ser yo mismo, ser más yo y corregir el cúmulo de errores cometidos, de los cuales me arrepiento. Unos por acción y otros por omisión, pero nunca por torcidas intenciones. Le solicitaría quitara de mis ojos la espesa venda que impidió ver con claridad el camino de la vida.

Pero bueno, ya no es posible, estamos en el ahora, en el punto en que sabemos que es ficción retornar a los inicios de la vida, pero todavía podemos hacer algo, aunque sólo sea parte de lo que quisiéramos haber hecho. Hay tiempo para amar a Dios y al prójimo. También para amar a los seres más cercanos. Seamos aunque sea en poco, lo que queremos haber sido.

Por mi parte yo quisiera…. pero me daré prisa, porque atardece y la noche se aproxima.

Julio 16 de 2023

Tomás Gonzalez Patiño es un prestigioso ingeniero venezolano que ha dedicado muchos años de su vida a prestar servicios profesionales a distintas industrias y organizaciones de ese país, y quién tiene la fabulosa habilidad de combinar los números con la escritura, deleitándonos con ingeniosos cuentos y ahora poesía. El publicó el Libro “El seminarista que Colgó los Hábitos” y más recientemente "El Alfarero Solitario"

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