Por Mariana Vivas Verna

El proceso de la Ascensión y entrada al llamado Cielo, era coordinada por San Pedro, el cual se encargaba de aprobar o denegar la entrada de un alma en base al libro de vida de cada uno en el plano terrenal. Al ser una labor agotadora, tiene a un equipo de ángeles que lo ayudan a revisar cada libro y de atender a las almas que van llegando a la sala de espera. Esta sala era extremadamente grande, con muebles hechos de cúmulos, cirros y nubes lenticulares, al ser el cielo se podía apreciar el azul celeste para el día relativo y el azul oscuro adornado por los planetas y estrellas por la noche. Había puesto para cada alma que llegaba, sin embargo, había una lista de espera donde se tenía que anotar cada quién, para así ser atendido. Con el pasar de los años en el plano terrenal, las almas llegaban cada vez con más quejas y problemas, creando discordancia con el equipo de ángeles que los atendía. San Pedro, al enterarse de tal situación creó un departamento especializado en atender al alma mientras estaban a espera de su “juicio final”

  • Bienvenido al cielo, espero que haya tenido una agradable estadía en la Tierra, por favor, anote su nombre aquí y tome asiento, será atendido en la brevedad posible – dijo el Angel sonriente que estaba recibiendo a las almas que subían por las escaleras automáticas de nube.
  • Disculpe, pero yo—
  • Si tiene alguna queja o problema, por favor, diríjase al departamento de Atención al Alma a mi izquierda. – interrumpió el ángel al alma, señalando a su izquierda el amplio salón a cielo abierto que tenía varias mesas hechas de nubes esponjosas y butacas del mismo
  • Buenas ¿en qué puedo ayudarle? — dijo un ángel que estaba en una de las tantas mesas que atendía a las almas.
  • Buenas, quisiera saber ¿por qué tengo que esperar a que me dejen entrar al cielo?

—preguntó un alma de acento francés, baja estatura, rechoncha y con un traje de general.

  • Señor Bonaparte, el proceso de revisión y aprobación de su libro de vida toma cierto momento, seguramente le aprueban pronto su entrada.
  • ¡Pero si llevo como veinte minutos aquí esperando! ¿Por qué se tarda tanto San Pedro? Soy un héroe de guerra, ¡el tiempo es crucial y no me gusta esperar!
  • Señor… el tiempo aquí no es el mismo de la tierra, es una cuestión relativa, veinte minutos aquí pueden ser años en la tierra … — aclaró el ángel suspirando, estaba cansado y su turno apenas — Tenga paciencia, tome asiento con las demás almas, por favor,

¡Siguiente!

El ángel de grandes alas y rizos dorados se estiró un poco en la silla para despertarse y poder continuar su labor.

  • ¿Qué tal te va ricitos? — dijo un ángel de pelo marrón claro y alas con manchas de bronce, que pasaba por detrás de las mesas, cargando una carpeta con informes y resúmenes. – ¿Ha sido rudo el trabajo con las almas esta vez?
  • Recibí a Nietzsche tres veces en un día terrestre… misma pregunta, misma queja

—. Dijo Ricitos con desgano, fastidiado de estar en la mesa sin más nada que hacer.

  • ¡Otra vez! Pero, ¿Acaso esa alma no descansa? Se supone que ya debería estar más en “paz” consigo mismo — dijo el Angel sin percatarse de ver como sus informes se caían uno a uno de la carpeta.
  • Creo que se le olvida que dejó su cuerpo físico ya hace mucho —. Respondió ricitos recostándose en el respaldar de la silla.
  • Bueno, no te preocupes, sólo tenles paciencia, las cosas en la tierra van muy rápido y no siempre se percatan de su alrededor.
  • No lo sé Remiel, ¿No crees que se están quejando mucho? No creí que serían tan impacientes.
  • Bueno, para eso se hizo este departamento… y como es tu primera vez, es la primera lección que aprendes en este trabajo ¡Ups, Mis informes! — Dijo Remiel recogiendo los informes que se cayeron al piso blanco con nubes. — Bueno, te dejo trabajar, no olvides rellenar el formulario de atención, ¡Nos vemos!

Remiel se dirigió en línea recta por detrás de las mesas a una puerta que llevaba a los archiveros celestiales. Ricitos se quedó mirando como iba dejando caer unas hojas de informes. Se las daría, pero en los últimos días ya le habían llamado la atención por despegarse de la mesa por distraído.

Ricitos suspiró con cansancio, se volvió a su escritorio a seguir trabajando y miró la planilla con el formulario de que debía rellenar al finalizar su turno de trabajo.

  • ¡AH! Por mis plumas, no lo vi llegar… Señor Hawking —. Dijo sobresaltado el ángel levantando la mirada de la planilla, mirando al genio matemático y físico Stephen Hawkings.
  • Por supuesto. Ahora, dime, ser evolucionado… — Habló Hawking. Su silla y el comunicador ya no eran necesarios en el cielo, sin embargo, al llevar tantos años sin pronunciar palabra, su alma grabó la voz robótica de la computadora como propia.
  • Soy un ángel… No hace falta la descripción extra de ser elevado o superior. ¿En qué puedo ayudarle?
  • ¿Es esto real? Es decir, ¿Así se ve el que hay después de la vida?
  • Pues, algo así, todavía falta pasar las grandes puertas al cielo o irse a las puertas del infierno…
  • ¿también es real el infierno? Dime algo, al ser un ser superior, tu sabiduría sobrepasa mi poca capacidad como ser… bueno ex – humano. Si existen ustedes y esto es real… ¿Hay posibilidades de universos alternos a este, o ustedes son el único “lugar” Inter dimensional que puede aparecer sin importar las distancias de estas dimensiones en nuestro consciente?
  • …Eh… Señor Hawking, creo que sus respuestas serán contestadas cuando le aprueben su libro de vida… — dijo Ricitos anonadado por la pregunta tan compleja para una respuesta tan sencilla que solo el cielo y el infierno sabían, sólo que no les gustaba decirles la verdad a las almas —. Le sugiero que espere en nuestra sala y converse con alguien de temas menos complejos y subjetivos bajo su percepción…

El genio matemático, regresó inconforme con la respuesta a tomar asiento en alguno de los sofás libres de la extensa sala.

  • ¡Siguiente!

Ricitos miraba a la multitud de almas sentadas, algunas conversando, otras admirando el cielo, otras tomando una siesta… Se veía tan interesante el ser humano que le parecía divertido ir a visitar alguna vez el plano terrenal. Con todo e interés, no le gustaría ser como el Ángel Azrael, que bajaba a recoger las almas cuando ya se les acababa su tiempo de vida corpórea, viendo lo triste de la partida de estas de su vida en la tierra. Aunque no comprendería las emociones humanas y sus experiencias a todo dar, notaba que muchas almas no subían contentas y cargaban mucho dolor, el cual le ha tocado a muchos trabajadores del departamento lidiar y actuar como sanadores bajo intervención del Arcángel Rafael.

“Sería bueno que el arcángel interviniera mas seguido… o que se presente en el departamento para hacer una sanación masiva a las almas… así nos quita un peso de encima…” pensó Ricitos arrugando su nariz y haciendo una mueca mientras pensaba. “No es que uno no quiera trabajar, pero creo que el oír tantas quejas hace que uno también quiera quejarse…”

  • ¿Dónde está? – dijo una mujer de pelo negro azabache recogido en un elegante moño, de estatura promedio y complexión delgada. Tenía un vestido blanco que no parecía uno de bodas suntuoso, sino uno de costumbres típicas, de los que se usan para los bailes tradicionales de las tierras de Sur América.
  • Eh… Hola, buenas, ¿en qué le ayudo? ¿Perdió a alguien?
  • Si, a Bolívar.

Ricitos no sabía de que hablaba…. La mujer se veía molesta, tal vez solamente estaba frustrada, pero su discurso impaciente mostraba que había estado buscando a alguien por mucho tiempo, y no lo conseguía.

  • Bolívar… hay muchos Bolívar señorita, debe ser más específica — dijo ricitos entrelazando sus Apareció flotando desde abajo de la mesa un portapapeles con varias hojas, no más de unas veinte —. Si me dice el nombre de la persona tal vez lo encuentre, pero no aseguro nada….
  • Se llama Simón José Antonio de La Santísima Trinidad Bolívar Ponte Palacios Blanco – Dijo la mujer sin equivocarse ni trastabillar al decir el nombre mas largo que había escuchado Ricitos en sus días como trabajador del departamento.

Ricitos sorprendido revisó la lista que pasaba las páginas rápidamente una y otra vez buscando el nombre.

  • ¡Aquí esta! Simón Bolívar… Según nuestra lista él está aquí desde hace unos—
  • Aja sisisi, eso no es de mi interés ya, quiero saber ¿Dónde está? Exactamente aquí— interrumpió la mujer de vestido blanco impaciente.
  • Bueno eso no lo sé, debe buscarlo entre las almas que están aquí — dijo ricitos sin perder su temple y su cortesía — seguramente lo encuentra, normalmente las almas se sientan con los de su misma época.

La mujer arrugó la cara, y se afincó en la mesa blanca que dividía el lado de oficina de la sala de estar.

  • ¿Tu tienes idea de cuantas vueltas di yo buscando a semejante personaje? Si tuviera mi cuerpo ¡Me dolerían los pies de caminar por la sala infinita! ¡Llamadlo!
  • Pero señora, no tenemos parlantes aquí—
  • ¿Cómo que no tienen como llamarlo? ¡Es insólito! Aquí uno viene según a que lo atiendan y ni un megáfono tienen. ¡Esto es el colmo!

El ángel se quedó impactado de ver como la señora se había enfurecido por no tener megáfonos o parlantes para llamar a alguien especifico. No era su trabajo atender por orden alfabético o por orden de llegada, ni era necesario gritar para que un alma viniera, con el simple sonido de una campanita de aguda frecuencia era suficiente como para que el alma, que tenía su libro revisado, pasara a las puertas del cielo o a las del infierno, mucho más abajo del plano terrestre.

  • ¿Ahora qué? ¿Me quedo aquí como si estuviera pintada en un cuadro? Necesito encontrar al Libertador, ya fueron muchos siglos sin verle y estar apartada de él… — Habló la dama para sí misma en voz alta. Mientras la mujer veía a la distancia pensando en que hacer, Ricitos acercó la lista que flotaba y empezó a escribir con el lápiz de luz angelical las características de esta mujer en ella.

—¿Será que ese es Sucre? Como que si… ¡EH SUCRE, VOLTEA PA’ CA’!

El grito de la mujer resonó en la blanca sala de espera. Un segundo después llamó la atención a lo que parecía ser un general de guerra que hablaba con algunos militares a lo lejos. Este al voltearse a mirar a sus espaldas, la saludó vivamente y sonrió.

  • ¡Al fin! Alguien de rostro familiar. Gracias por atenderme, angelito, ahora si me disculpas, me retiro —. Dijo la mujer levantándose de la silla y caminando a paso rápido en dirección al general, que la abrazó como una vieja amiga que conocía de mucho tiempo atrás.

Ricitos al ver que la mujer se iba regresó su mirada a la lista, donde apuntaba lo siguiente en una de las páginas mostrando un retrato de la bella dama con las características descritas:

MANUELA SAENZ – Conocida como “MANUELITA SAENZ”
ANTECEDENTES: Salvó la vida del libertador de Venezuela, lucho en batalla y
mantuvo una relación muy peculiar e intelectual con Simón Bolívar (Véase historial de Simón Bolívar).

  • Ah…Con razón estaba buscándolo… — Dijo Ricitos intrigado por el antecedente de Manuela.

Ricitos siguió atendiendo al público, en muchos casos conteniendo las ganas de perder la paciencia, ya que las almas hacían muchas preguntas que no podía responder por normativa del departamento. Al sonar la lira celestial, entonando una melodía agradable y sencilla, su turno había terminado.

Al llegar a su esponjoso cúmulo de descanso, se preguntó qué posibilidad había de tener esa visita a la tan famosa Tierra y, si el arcángel Rafael pudiera estar más presente en el departamento. Por un momento, le pareció gracioso si por error mandaran un aviso de fin de mundo como le escuchó a una de las almas decir que estaba escrito en los textos bíblicos. Sonaba descabellado, nadie querría acabar con una obra del Creador, mucho menos cuando sólo tiene cuatro mil años y contando, desde su creación. Veía imposible la idea de ser él quien fuera a dar aviso de algo así, ya que apenas lo habían pasado al Departamento de atención al alma.

  • Departamento de quejas, mejor dicho, aquí lo único que hacen es quejarse de la mala o buena vida…Van al cielo y van llorando —. Dijo Ricitos girando los ojos y soltando una carcajada al arroparse con parte del cúmulo como cobijo para descansar y dormir, mientras esperaba a que sonaran las estruendosas trompetas que lo despertaban de sus fantasías y visitas a otros mundos.
Mariana Verónica Vivas Verna, Nace en Caracas, Venezuela en el 2003 (19 años), graduada de Bachiller en Ciencias del Colegio Mater Dei, actual estudiante de Diseño Interior en el IUDLM. Fue integrante de El Sistema Nacional de Orquestas y Coros de Venezuela desde los 6 años hasta los 13 años. En el trascurso de su vida ha recibido clases de piano complementario, artes escénicas, diseño gráfico y escritura. Actualmente es miembro de Rotaract San Antonio de los Altos, Venezuela. Contacto: Mvivasverna@gmail.com.

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