Por: PROFESOR ALIRIO MARTIN ALVAREZ DIAZ
COORDINADOR DE ACTIVIDADES ESPECIALES DE LA FUNDACION ALIRIO DIAZ

“…Su técnica es impecable, un sonido lleno de color. Por su exuberante personalidad, su mano izquierda capaz de ejecutar cualquier dificultad técnica, su flexibilidad innata y su dominio de las cuerdas. Rodrigo Riera es hoy en día uno de los más grandes intérpretes de nuestro tiempo…”
“IL MATTINO, FLORENCIA, ITALIA”

CARORA

          El maestro Rodrigo Riera es otro de esos grandes representantes de la Carora musical, de inicios del siglo XX, y uno de los más grandes guitarristas en la historia musical de Venezuela y el mundo, nació en uno de los barrios de la ciudad más antiguos, románticos y  emblemáticos, un conglomerado musical, Barrio Nuevo, cuna de músicos y poetas, un 19 de septiembre de 1923, sus padres Doña Paula Riera y Don Juancho Querales,  quienes transmitieron los genes que corrían en la sangre de ese niño prodigio que superó  obstáculos gigantescos que se le presentaron, con un espíritu y una energía sin igual,  estimulada por familiares, amigos y especialmente dos caroreños universales Don Cecilio Zubillaga Perera y José Herrera Oropeza quienes guían y orientan a muchos de los jóvenes de la Carora de la época. Su origen es muy humilde y desde niño se vio obligado a realizar los más diversos trabajos para ayudar a la subsistencia familiar, fue vendedor de empanadas, de periódicos, betunero, zapatero, acompañante de cantantes en la radio, serenatero, comerciante  y siempre recordaba que llego a ser picador de piedras para la construcción del viejo matadero de Carora, un duro trabajo para un niño de cualquier edad. La escases de recursos fue uno de los más terribles problemas que debió superar en el camino al éxito, además de su problema físico en los pies, que no fue obstáculo que le impidiera su lucha a través de la música en el logro de la superación y el ascenso social y por supuesto es un signo de poseer una fuerte personalidad que le permitió siempre levantarse ante las adversidades.

Desde muy temprana edad comenzó a cantar y a ejecutar el cuatro venezolano y  la guitarra, dando muestras ya de su genialidad para la música, afinaba las guitarras y los cuatros de familiares y amigos por intuición pura, era un gran improvisador y tocaba el cuatro con gran sensibilidad, recibiendo una gran influencia del cine de la época, ya que veía las películas en el cine Salamanca, e inmediatamente montaba las canciones mexicanas y tangos argentinos, por puro oído, también copiaba música de las famosas vitrolas, la música venezolana y la canción caroreña, tan hermosa y especial, tendrán un lugar especial en sus gustos musicales, y llevará esos sonidos mágicos a los grandes escenarios.  Gracias a una de esas iniciales profesiones, la de humilde limpiabotas, a los 9 años conoció al gran guitarrista paraguayo Agustín Barrios Mangore, “El Indio de los Dedos Mágicos”, quien en 1932 visito a Carora, y solicito a un betunero para lustrar sus zapatos para su presentación en el Teatro Salamanca y casualidad el escogido fue el niño Rodrigo, primera vez que un guitarrista clásico de esa categoría, visitaba estas apartadas y remotas tierras, Mangore lo estimuló a la música e incluso tocó para él una versión del Alma Llanera y ese contacto marco para siempre al niño Rodrigo Riera para el estudio de la guitarra.

Rodrigo  Riera va a recibir, además, la influencia de algunos músicos, poetas y bohemios que habitaban su querido Barrio Nuevo y menciona con mucho orgullo a  Candelario Vásquez, Vale Cayayo, bautizado por él mismo como, “Un fantasma melódico que le cantaba  al viento”, era un alegre músico popular, muy apreciado,  que con su cuatro se paseaba en las noches por el barrio, andaba solitario  interpretando bellas melodías que, dice Rodrigo: “…contagiaban de emoción a cuantos oían el vibrar de esas cuerdas sin escuela, pero con mucha alma, con mucho espíritu…”, fue tanto la admiración y el cariño que el maestro Rodrigo Riera le profesó a Vale Cayayo que le dedicó su obra más emblemática, el Preludio Criollo, pieza obligatoria en los mejores conservatorios del mundo para ingresar en ellos. También afirmaba que recibió la influencia de otros grandes músicos populares de la época como Nando Riera un excelente guitarrista, el Chingo Ángel Alvarez y el gran cantautor popular pionero de la música de protesta, el Negro Celestino “Tino” Carrasco, un bandolinista excepcional, como afirma el Dr Luis Cortes, en su libro: “…El Negro Tino afinaba su bandolina a la zurda, pero la ejecutaba a la derecha…” .  Un hecho  interesante es que tanto Rodrigo Riera como Alirio Díaz van a ser, un productos de la música popular caroreña, venezolana y latinoamericana de ese entonces, en esa Carora musical de mediados del siglo XX, existía un pronunciado romanticismo que se expresaba en gran cantidad de poetas, compositores y músicos con una creatividad fuera de lo común,  así como también eran muy activas las Veladas Musicales, los Concursos de Canto, fiestas y las maravillosas serenatas, máxima expresión, hoy en desuso,  para demostrar el amor a la mujer amada al pie de las ventanas, a la luz de la luna, esas características también influyeron en la mayoría de los guitarristas de esta época, que formaron parte de grupos musicales, y acompañaban a cantantes en emisoras de radio, el maestro Alejandro Bruzual en su libro La Guitarra en Venezuela, los ubica como la segunda generación de guitarristas venezolanos compuesta entre otros por  Antonio Lauro, Manuel Enrique Pérez Díaz,  Freddy Reyna, José Rafael Cisneros, Rodrigo Riera y Alirio Díaz. Sobre todo Lauro, Riera y Alirio Díaz quienes entendieron que los vínculos entre la música popular que ellos dominaban desde niños y la música clásica que estudiaban en la Escuela Superior de Música José Ángel Lamas estaban separadas por una fina línea, que son el origen de la música culta como afirmaba Riera y que se complementan.

Motivado, además, como ya mencionamos, por el maestro de juventudes Don Cecilio Zubillaga Perera, Don “Chio”, un verdadero oráculo conocedor del alma y los atributos de ser humano, lo que le permitía aconsejar en la dirección correcta a discípulos que creían en él, tal es el caso de Rodrigo Riera y más profundamente Alirio Díaz. Riera vio en el trabajo musical una oportunidad de realización personal, de ascender social y económicamente y comenzó presentándose en las diferentes emisoras de radio, que eran lo que hoy es el internet y tenían una gran sintonía,   se presentó en programas de concursos de aficionados, tocando y cantando,  e incluso ganó uno con un tango, “Golondrinas” del gran argentino Carlos Gardel, al que era muy aficionado, así como todos en su Barrio Nuevo querido. Posteriormente trabajo en emisoras de radio acompañando a cantantes aficionados y profesionales,  ganando pequeños sueldos,  pero que le sirvió de un profundo adiestramiento y despertando admiración por la originalidad y creatividad de las introducciones y acompañamientos, son dos facetas admirables del futuro maestro: la de cantante y la de sus singulares improvisaciones, además de virtuoso de la guitarra, compositor genial y pedagogo insigne, con gran cantidad de discípulos en el mundo.

En el año de 1939 conoce a Alirio Díaz que venía a residenciarse a Carora proveniente de su aldea natal La Candelaria y al que lo van a unir múltiples momentos trascendentales en sus vidas y llegaran a ser los mejores guitarristas venezolanos de todos los tiempos. Continuando con su evolución artística ese mismo año se crea el conjunto Hermanos Riera, un trío, siendo Riera la primera guitarra y segunda voz, junto con el cantante Teódulo Alvarado  y el guitarrista Leonardo Rodríguez Campos, tenía 16 años. A fines de 1941 el trío de los Hermanos Riera se traslada a la capital  de la República a presentarse en varias emisoras de Caracas,  allí se da su encuentro con dos de los representantes de la música venezolana en ese momento, el maestro Antonio Lauro, miembro del grupo Los Cantores del Trópico y Manuel Enrique Pérez Díaz, lo que  constituye, para Riera,  una revelación sorprendente escuchar tocar a Lauro quien es el primer guitarrista clásico de Venezuela, y apartando su pequeño encuentro con Mangore, va a ver las grandes posibilidades que tenia la guitarra clásica, al oír el tema “Variaciones sobre un tema de Mozart” del español Fernando Sor, Lauro vio tocar también a Rodrigo Riera y se impresiono por su capacidad y su talento y lo incito a que realizara estudios formales con el maestro Raúl Borges e incluso le dio una recomendación por escrito. Esta aspiración de Rodrigo no se materializó de inmediato por las dificultades económicas de siempre. Pero se vio en la necesidad de desplazarse hasta el Zulia, no en la búsqueda del oro negro, sino de nuevas oportunidades musicales que era lo suyo, en la capital zuliana fue contratado por la emisora Ondas del Lago como guitarrista oficial y acompañando cantantes aficionados y profesionales así como ofreciendo “solos de guitarra” hasta 1945, con un dúo llamado “Riera y Rivera con sus guitarras” al lado de Carlos Rivera y en sus momentos libres y de manera autodidacta estudiaba la guitarra clásica  y la lectura de la música, es decir que al llegar a Caracas en 1945 ya Rodrigo llevaba un buen trecho andado en los caminos de la guitarra.

CARACAS

          Al llegar de nuevo a Caracas inicia ya su intenso trabajo con el maestro Raúl Borges, el primer maestro de guitarra clásica de Rodrigo Riera y Alirio Díaz a los 22 años, una edad que se puede considerar avanzada si se compara con otros virtuosos de diferentes instrumentos, podemos afirmar que eran sin lugar a dudas niños prodigio,  como nuestra insigne pianista Teresa Carreño quien ya a los 5 años practicaba más de 500 ejercicios en el piano y a los 6 compuso su primera obra, o el caso de  Wolfgang Amadeus Mozart quien con tan solo 4 años ya componía obras musicales de gran dificultad,  el gran pianista Franz Liszt que a los 8 años ya componía y daba recitales y son famosas sus geniales improvisaciones faceta en la que el maestro Rodrigo Riera se destaco también  y Robert Schumann que a los 7 años ya componía obras de gran dificultad, son otros ejemplos de niños prodigio y muchos más, mientras Rodrigo Riera a esa edad se dedicaba a los más disimiles trabajos, ya nombrados. Por eso el trabajo de estos dos colosos de la guitarra tuvo que ser más vehemente, más fuerte, con mayor intensidad ya que según afirmaba el maestro Alirio Díaz habían perdido mucho tiempo y debían quemar etapas. Eso sí que siempre se destacaron por la excelencia y por obtener las más altas calificaciones. En la Escuela Superior de Música  “José Ángel Lamas” bajo la dirección del padre de la música en Venezuela Vicente Emilio Sojo se encuentran con su primer  maestro de guitarra clásica el insigne Raúl Borges y otros destacados pedagogos como Juan Bautista Plaza quienes los forman de manera extraordinaria  como ellos mismos los reconocían. Cuando llegan a Europa ambos maestros ya llevan una excelente base educativa, técnica y cultural.

ESPAÑA

      Luego de finalizar sus estudios como guitarrista en 1950, el Ministerio de Educación le aprueba una pequeña beca y a fines de 1951 se va a España, siguiendo el camino del pionero Alirio Díaz quien se fue antes, y estimulaba a Riera epistolarmente, en una carta de Alirio a Rodrigo le dice: “…La calidad de los estudios en el Real Conservatorio de Madrid es algo excepcional. Debes venirte…”, después de mucho batallar con su difícil situación económica logra emprender el ansiado viaje y llega a Madrid donde estudiaría con el gran maestro Regino Sainz de la Maza, y realiza la reválida de los 6 años de estudios guitarristicos en 1952-53, con los máximos honores, obtuvo el Diploma de Primera Clase y el Premio Extraordinario del Conservatorio, destinado a los mejores estudiantes y por unanimidad a fines de 1953.

A partir de allí Riera realiza brillantes presentaciones  principalmente en ateneos, teatros, colegios y círculos musicales en España, Italia y Francia. En sus programas van a resaltar, además de los autores universales, los compositores latinoamericanos (Ponce, Agustín Barrios, y Heitor Villa-Lobos), los venezolanos (Borges, Lauro, Sojo). En esta primera etapa como compositor, definida por Alejandro Bruzual como la “conformación y búsqueda de su personalidad”  empieza a incorporar sus primeras composiciones realizadas en la Madre Patria tales como el Choro dedicado al brasileño Heitor Villa-Lobos (1954) y luego  nuevas creaciones de su fecundo estro de iluminado por las musas : Bambuco (dedicado a Carora), Motivos Españoles, (1956), el Merengue, la Canción Caroreña, Nana (dedicada a su hija María Josefina), y su obra más conocida el Preludio Criollo, pieza obligatoria en Conservatorios de España y Francia.

ITALIA

       A partir de 1954, el maestro Rodrigo Riera asiste a los cursos dictados por el famoso y virtuoso gran maestro Andrés Segovia en Siena, Italia en una de las  mejores Academias Musicales del mundo la Chigiana donde el maestro Alirio Díaz se había convertido en Asistente de Segovia. El director de la Academia,  el Conde Guido Chigi-Saracini; que era un mecenas con los mejores estudiantes, le aprueba una beca, al igual que a Alirio, para su estadía en Siena. De Segovia recibe  “…sabios y nobles consejos…” Allí permanece durante 9 años y aprenden a perfeccionarse en “complicados repertorios del barroco”, a pulir la técnica y a solventar las fallas y estudiar las nuevas obras y sobre todo dar a conocer la música venezolana y latinoamericana en Europa y el mundo, con un memorable éxito. Además de estudiar con Segovia, el maestro Riera, se dedica también a estudiar Música de Cámara con el maestro Ricardo Brengolla y con el maestro Pablo Casals.

Con respecto a su estrecha relación con el maestro Alirio Díaz con quien lo unen muchas coincidencias como el hecho de haber nacido el mismo año de 1923, de haber recibido la influencia de Chio Zubillaga, de haber estudiado en Caracas con Borges y luego con los mismos maestros Sainz de la Maza en España y Andrés Segovia en Siena, Italia y de haberse conocido en 1939 y haber tocado muchas veces juntos , va a ser en Madrid donde dieron  oficialmente un Recital juntos  por primera vez el 5 de julio de 1954,  concierto auspiciado por la Embajada de Venezuela en España, con un repertorio tradicional criollo con las increíbles improvisaciones de Riera y la maestría de Díaz. Por esa misma época graban 2 discos en París, Francia llamados El Uno y el Otro con música popular latinoamericana, casi desconocidos para el público, ya que nuestros intérpretes ocultaron a su maestro Segovia este hecho ya que él quería que grabaran solo música clásica para guitarra y no popular, buscando darle a la guitarra un puesto como instrumento de concierto en las grandes salas del mundo.

La vida de los artistas es dura, no es fácil y a pesar de esas presentaciones esporádicas que le generaban escasos ingresos, así como la escuálida beca que recibía, el maestro Rodrigo Riera paso las de Caín en Madrid, y así lo manifestaba en correspondencias con Alirio Díaz residenciado en Roma, afirmaba: “…El único que sigue enfermo económicamente soy yo…….ese mal es incurable en los artistas menos mal que con el sedante musical-guitarristíco todo pasa  y me olvido que soy el hombre pobre de siempre…” (Carta de Rodrigo Riera a Alirio Díaz. Madrid 26/05/1955).

ESTADOS UNIDOS

         Ante esta difícil situación económica de escases e inseguridad y ante la presión de estar casado con la bella española Julia Esteban de Riera y con hijos: María Josefina profesora y Meso Soprano, Rubén, guitarrista, Andrés Raúl primer fagot de la Sinfónica de Lara y Juan José violinista de la Sinfónica de Lara. Toma la decisión de irse solitario a Nueva York en 1962, buscando prosperidad económica  y autonomía, como concertista y pedagogo y llevando como aval el haber sido discípulo del mejor guitarrista del mundo, Andrés Segovia,  y ya con plena madurez como artista, en 1962, ya con 39 años. Riera rápidamente logra alcanzar cierto renombre en su conquista del norte y esto le permitió cierta holgura económica y acumular ahorros, que le permitió comprar casa en Barquisimeto. En la parte musical Riera continuó con sus composiciones donde demuestra su gran talento, su expresión musical y  su genialidad como maestro. Entre sus composiciones en Estados Unidos tenemos: el Merengue Venezolano, Elorac, y unas obras que destacan su sentido pedagógico Melancolía, Monotonía y Nostalgia.

Como concertista alcanza la  etapa más importante de su carrera, su punto culminante, realiza numerosas giras ofreciendo recitales en teatros y universidades de Estados Unidos y grabó  dos discos, uno de ellos con sus composiciones llamado Rodrigo Riera plays Rodrigo Riera (1966).  Se presentó en salas tan importantes como el Carnegie Recita Hall de Nueva York (1963), actúa con la Orquesta de Cámara de Filadelfia, otro de sus grandes conciertos fue en 1964 siendo arreglista y solista del concierto de Antonio Vivaldi, Op. 151, en el Delacorte Theater de Central Park, para el New York Ballet,  y en 1968 en el Town Hall de Nueva York tocando un extraordinario programa de obras universales, latinoamericanas y de su autoría, la crítica del concierto aparecida en el New York Times, N.Y. 1967, fue excelente y citamos: “…El solista es un técnico e intérprete de primera categoría. Riera es un maestro de la expresión, un técnico seguro y produce un tibio y atractivo sonido de cuerdas. Reveló muchos momentos de profundidad y poesía. Robert Shelton…”.

Una de las características resaltantes de la personalidad de Rodrigo Riera fue su apego a la patria, su venezolanidad, y su amor por Latinoamérica, por su música, su literatura, sus manifestaciones culturales, siempre llevó a su patria chica en los tuétanos, en lo más profundo de su corazón, y por ende siempre retornaba constantemente a Venezuela, por ejemplo en agosto de 1968 en la UCV, fue invitado al Concurso Internacional de Guitarra de la Universidad Central de Venezuela, interpretando un extraordinario recital con el maestro Freddy Reina, uno de sus grandes conciertos en Venezuela, comentaba Reina sobre la virtud de improvisar de Riera: “…A mi manera de ver, Riera es quien marca el punto más alto de posibilidades improvisatorias de todas las personas con quienes he tocado. Además de ser un gran guitarrista…”

También el maestro Alirio Díaz elogia grandemente esta capacidad de Riera sobre la improvisación, una natural facilidad excepcional, conciliando lo popular con lo académico, considerándolo uno de los mejores del mundo en una crónica titulada “Rodrigo Riera y la adivinación musical” que más adelante transcribiremos por su hermosura.

Con el paso del tiempo Riera se compenetra y asume su rol como compositor y su fecunda creación hace al final que sus recitales giraran en torno a su obra destacando su excepcional sonido, su talento expresivo, los principales críticos nuestros como Israel Peña y Rhazes Hernández López se refieren a él con expresiones como: “un sonido poético, una expresión poética, un color poético…todo esto se conjuga en la guitarra de Rodrigo Riera”, “poeta de su instrumento”, “sensibilidad increíble” y “una sonoridad no igualada hasta ahora por alguno de nuestros guitarristas”, entre otras.

REGRESO A VENEZUELA. BARQUISIMETO

         En 1971 y luego de permanecer 8 años en Estados Unidos se da su regreso definitivo a Venezuela específicamente a la capital del estado Lara, la ciudad musical de Venezuela, Barquisimeto, lo que marca el inicio de una nueva etapa que es dedicada fundamentalmente a la docencia y a la composición. Sacrifica o relega a un segundo plano el maestro Riera su actividad como concertista universal de la guitarra, como virtuoso de la guitarra clásica, ya  que hubiese tenido que permanecer en Estados Unidos o Europa donde la actividad cultural es permanente y existen decenas de teatros y escenarios artísticos, en contraposición, es conocida la poca actividad concertistica de Venezuela en comparación a esos países, vivir como profesional de la guitarra en Venezuela es muy difícil y se va a concentrar el maestro Riera en la Docencia y la Composición. Es nombrado Director de Cultura de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado desde 1985, realizando una impresionante labor ya que además llevo a cabo un Curso Internacional de Guitarra inspirado en su larga experiencia con los grandes maestro, Borges, Sainz de la Maza y especialmente Segovia en la Academia Chigiana de Siena. Por supuesto que el curso fue un éxito y asistieron una gran cantidad de guitarristas nacionales y extranjeros, como: Álvaro Alvarez, Darío González, Roberto González, Valmore Nieves, Rafael Suarez, su hijo Rubén Riera y Efraín Silva entre otros. Uno de los grandes reconocimientos al maestro es que la UCLA le concedió el Doctorado Honoris Causa en 1996.

En cuanto a la composición en esta etapa barquisimetana su colección de obras escritas en homenaje al amplio folklore venezolano, a las diferentes manifestaciones populares y al sentir del pueblo, se destacan: la Suite en homenaje a Antonio Lauro (1990), la Suite en homenaje a Armando Molero, Golpe al Diablo de Carora, Pajarillo con revoltillo, El Encandilador de Zamuros, boceto musical basada en un bello cuento del mismo nombre de Rafael Montes de Oca Martínez, entre otras importantes obras.

El maestro Rodrigo Riera recibió múltiples y merecidos homenajes en 1981 realizó una gira nacional realizando 23 conciertos en diferentes ciudades del país, patrocinado por la Presidencia de la República, consagrando su obra como compositor y virtuoso de la guitarra, se le otorgo el Premio Nacional de Música en 1995, por su aporte y difusión de la música venezolana en el mundo, se crearon Concursos y Festivales en su honor: en 1982 se realizó el Concurso Nacional de Guitarra Rodrigo Riera  y desde 1986 el Festival de Guitarra Rodrigo Riera en el estado Lara, en 1995 el Concurso Internacional de Composición para Guitarra Clásica Rodrigo Riera, entre otros. Igualmente grabó dos discos de música latinoamericana a dúo con Jesús Soto. Fue miembro del Jurado de múltiples Concursos a nivel nacional e internacional como el Concurso Internacional de Guitarra Alirio Díaz y el Concurso de Alessandria, Italia entre otros.

El maestro paso a la inmortalidad el 9 de agosto de 1999, en la ciudad de Barquisimeto dejando un importante legado y sobre todo un significativo ejemplo para la juventud, de resiliencia, de lucha contra las adversidades, de que si tu quieres puedes lograr llegar a cumbres insospechadas. Debemos resaltar otro aspecto muy significativo en estos dos personajes, Alirio y Rodrigo y es la simbología que poseen como referentes de nuestro gentilicio, de nuestra identidad, en cada conversación, crónica, ensayo, canciones y poemas que sostengan los caroreños para reflejar el orgullo y el sentido de pertenencia por esta tierra árida, aparecen los nombres de Rodrigo Riera y Alirio Díaz pronunciados con un gran sentimiento de pueblo agradecido por su obra universal, como si fuera propia, dignos representantes, del orgullo de ser y sentir la caroreñidad. Como afirma el Doctor Francisco Cañizales Verde: “…Con su comunicativa constancia estimuladora, su ejemplo insigne y su obra plena de valores, el Maestro Rodrigo Riera es vivo testimonio de creación, de dignificación humana y de enseñanza permanente, enaltecida por los férvidos dones del espíritu…”

Graduado en la UPEL, en la especialidad de Ciencias Sociales. Actualmente Jubilado del MPPE. Desempeño cargos en todos los niveles educativos a nivel medio desde aula hasta Director en el Liceo Egidio Montesinos, Colegio Cristo Rey, Colegio Edmundo Jordán, entre otros. Orador de Orden en la Sesión Solemne del Consejo del Municipio G/D Pedro León Torres, en conmemoración del Natalicio del héroe y día del Municipio. 25 de junio de 2008. Botón Honor al Mérito ciudadano. Consejo del Municipio G/D Pedro León Torres. Publicación de Artículos periódicos y revistas. Participación en el Concurso de Crónicas “450 años de Carora”, Ganador de Mención Publicación 2019, con la obra “¡Egregius nacidos para la eternidad!”. Perteneciente a los Comité Organizadores de los Concursos: Internacional de Guitarra Alirio Díaz y Nacional de Guitarra Alirio Díaz que se realizan en Carora. Actualmente se desempeña como Coordinador de Proyectos Especiales de la Fundación Alirio Díaz.

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